domingo, 17 de marzo de 2013

Beautiful Melody Capítulo 15.




Capítulo 15. 
   
La noche llegó, dejándome todos los restos que había estado todo el día metiendo en el último rincón de mi mente. Las dudas respecto a Junsu, a Changmin, a mi... 
     Junsu me había gustado, o más bien encantado incluso antes de conocerle personalmente. Su voz me maravillaba. Y me cautivó con el trato que me dio desde el primer día que nos dimos en aquella fiesta. Además, era un chico un par de años mayor que en ningún momento se me hubiera pasado por la cabeza que podría fijarse en mi. Pero lo hizo. Cuando estábamos juntos él estaba a gusto y me hacía estarlo a mi. ¿Y qué si no me había llamado, tal y como prometió que haría? Hoy tenía un ramo de flores suyo en mi habitación. Con eso debería bastar... Era mi cumpleaños, sí, pero por todo el mundo es sabido que el perdón es uno de los dobles sentidos al enviar flores. Y por su puesto que había acertado. Era el ramo perfecto, con tan solo 3 rosas rosas, mis favoritas.
     Changmin por el contrario ni se había acordado. Aunque pensándolo mejor, tal y como estaban las cosas no podía esperar una efusiva felicitación y una fiesta organizada por él... 
     Me tumbé al lado del ramo de flores, cerré los ojos, aspiré su aroma... Estas flores tenían algo más a parte de su aroma natural. Olían a tranquilidad, invitaban a relajarse. Y así lo hice, todos los pensamientos que había tenido a lo largo del día y de la semana fueron desapareciendo poco a poco. No debía llevar mucho rato dormida cuando MiNa y SanWol entraron en la habitación despertándome. 
-Ey, ¿Qué haces en la cama a estas horas?
-Descansaba un rato. 
-¿No te da lástima que nos vayamos?-dijo MiNa sentándose a mi lado. SanWol vino enseguida y se puso al otro lado, tirándose de golpe. 
-Ey cuidado.-levanté el ramo a tiempo para que no quedase aplastado y me quedé sentada con él en el regazo. 
-Ha tenido un bonito detalle eh... 
-¿Qué, quién? 
-Y eso que el Changmin este parece un bruto últimamente...-rió SanWol. 
-¿Qué? ¿Por qué dices eso? Changmin no... no me lo ha mandado él. 
-Pues porque... ¿Eh? ¿No ha sido él?- preguntó sentándose. Yo moví mi cabeza negando y bajé mi mirada a las flores, rezando para que cambiasen de tema. 
-¿Y entonces quién ha sido?-apareció MiNa por el otro lado con una sonrisa. 
-Da igual, no importa, seguramente se habrán equivocado...-Me levanté de la cama con el ramo y lo dejé sobre mi maleta después de coger la ropa para ir a cenar. 
-Ya... 
-Voy a cambiarme. Os esperaré abajo. 
     Cerré la puerta del baño antes de que pudieran decir algo más que me hiciera titubear . 

     Nuestra última cena en el hotel estaba siendo un poco deprimente. Se miraban unos a otros, queriendo detenerse en esta ultima noche, atando secretos con las miradas, cerrando recuerdos, sellando palabras de cariño... Muchos de nosotros no volveríamos a vernos. A mi por lo menos no me daba especialmente lástima, no había hecho amisatades con nadie, nada más que con MiNa y SanWol en esta última semana. Y no es que hubiéramos compartido mucho más que un par de conversaciones sin pasar la barrera de la intimidad... Pero para el resto sí iba a resultar difícil separarse. En conjunto no presentábamos mucha unión, pero cada uno tenía su grupo de viejas amistades de siempre. Mientras la mayoría intentaba retrasar lo máximo posible el momento de ir a las habitaciones yo fui la primera en levantarme de la mesa, cruzar el comedor, y subir a la habitación. Me sorprendió verla tan recogida. Me esperaba que las chicas no hubieran terminado de hacer la maleta y que sería más una leonera que una habitación... Saqué la ropa para el viaje, me puse el pijama, y me metí en la cama por encima de las sábanas. Una pequeña luz parpadeante me hizo abrir los ojos. Venía de la mesita de al lado, del móvil. Me estiré para alcanzarlo y casi se me cae de las manos cuando vi que era un mensaje de la señora Kim EumDom, la madre de Changmin... Me felicitaba mi cumpleaños, disculpándose por las horas, y me mandaba saludos también de parte de su marido. Increíble... Esta mujer debía ser lo más parecido a la bondad personificada que conocía. Me despertaba un sentimiento de dulzura increíble. Todo lo contrario que mi madre. EumDom siempre me trataba con una sonrisa amable en el rostro. Me hacía sentir que no molestaba en su casa. Y sobretodo, y lo que era más increíble, parecía que me tenía cariño. Yo siempre intentaba corresponderla siendo más amable con ella de lo que era con el resto, y la verdad era que no me costaba nada. Kim Eum Dom era una mujer fantástica... Y una madre ejemplar. 
     Me dejé caer de nuevo en la cama con el móvil en las manos, sobre el pecho, tal vez incoscientemente esperando otra llamada de última hora que nunca llegó... 
     Volvíamos a casa... Ahora tenía que pensar en lo que iba a hacer, lo que definitivamente iba a estudiar, dónde... Pero por otro lado tenía un impedimento para cualquier plan de futuro: mi boda con Changmin. Ahora sí que estaba cerca, tan solo un par de semanas. Cualquier esperanza de una anulación o de una marcha atrás se había esfumado. Mis pensamientos básicamente estaban todo el tiempo centrados no en la boda, sino en lo que vendría después. Un matrimonio en el cuál el marido no quiere que su mujer se le acerque y en el que la mujer tiene miedo de que sea él quien se acerque y se deje llevar a donde no debe ir. Puaj... Me entraban ganas de vomitar solo con escuchar "marido" y "mujer". Tendría que ir acostumbrándome a usarlas y escucharlas... No había sido capaz de encontrar una solución, no había podido ganar. Pero ya ni si quiera me importaba, ya no era algo que me atormentase. Y eso era lo peor, que me había conformado y estaba aceptando que no tenía ganas de luchar... 
     Me despedí de MiNa y SanWol y de algunos compañeros más con los que había compartido varios ratos. Antes de salir al coche que me habían informado que me esperaba afuera, busqué disimuladamente, en un intento desesperado de mi imaginación por que Changmin se subiera al coche conmigo para acudir a algún tipo de reunión social, o simplemente para presentarnos una vez más de novios formales frente a nuestros padres... 
    Pero no era con él con quien iba a bajar, sino con mis padres, a quienes encontré en la parte trasera del coche en cuanto abrí la puerta. 
-¿Qué hacéis aquí?-pregunté mientras el conductor me quitaba las maletas y las metía en el maletero. 
-Pasa hija, hemos venido a buscarte.-respondió amablemente mi padre. 
-Ah, qué bien...-con resignación entré al coche y me quedé sentada al lado de mi madre.-¿Y a qué se debe el honor?
-Nosotros también nos alegramos de verte.-dijo por primera vez mi madre. Mucho había tardado...
-Pues sería la primera vez. 
-Vale vale, no empecéis a discutir. Aún queda mucho día por delante. 
-¿Para qué? ¿Dónde vamos?-pregunté con miedo. Esto no me estaba gustando nada. Ya me imaginaba cómo sería ese día por delante.
-Vamos a aprovechar que ya no tienes clase para que vayas conociendo la empresa. 
-Ya la conozco, he ido muchas veces. 
-Sí, pero no conoces tu ámbito de trabajo. 
-¿¡Mi ámbito de trabajo!? 
-Y luego vendrás conmigo para los últimos detalles de la boda.-dictaminó mi madre. 
     No había lugar a quejas. No iban a servirme de nada. ¿Que querían ponerme de florero en algún despacho? Vale. ¿Que quería ir mi madre a comprarme lencería fina para la noche de bodas? Estupendo. Total, el día de la boda podría aparecer...indispuesta, o directamente no aparecer. Ya inventaría un plan de fuga. Eso sería lo mejor, así no tendría que ver estar horrible empresa. 
   Horrible por lo que conllevaba, porque ciertamente el edificio era bastante bonito. Por lo que sabía, el objetivo del arquitecto era que se pareciera lo máximo posible al mar, y con la cantidad de ventanas y espejos, con el reflejo del cielo y las paredes en escala, el efecto era bastante conseguido. Además, en el tejado, el nombre de la empresa "ShinSea" estaba puesto sobre una gran y brillante luna llena. Lo que más me gustaba eran los exteriores. No eran muy espaciosos, sólo contaban con un parque en la parte trasera que conducía directamente a la calle y un pequeño estanque en la parte más baja de los aparcamientos. Siempre que había venido a este lugar me había pasado la mayor parte del tiempo entre el estanque y el parque, donde hace años conocí a JanHee. 
     Por dentro no era muy grande aunque contaba con un montón de salas y despachos de los que conocía la función de 4, y exagerando. En la planta subterránea estaba el taller más grande, donde se juntaban y montaban las piezas que venían del taller 2,, en la primera planta donde además estaban las salas de exposición y la de reunión. En la segunda planta estaban la mayoría de los despachos: el de contabilidad, administración, consejo, etc... Y la 3ª, la última, estaba reservada para el despacho supuestamente más importante: La presidencia.  
     Por lo que yo tenía entendido, Changmin y yo pasaríamos a compartir el puesto de Gerente. Yo sinceramente seguía prefiriendo lo de florero... Mi padre desapareció un buen rato durante el cuál mi madre me llevaba de un lado para otro presentándome oficialmente a gente que ya conocía desde hacía años. Tal vez notaban mi cara de desagrado, pero no me importaba. Después de el viaje, después de estas vacaciones y todo lo que habían significado, no me apetecía poner buena cara ante nadie. Y menos ante estos desconocidos. Por suerte llegó la hora de ir a comer después de lo que parecieron semanas en "ShinSea" y no sé de qué manera lo conseguí, pero mi padre me dio permiso para comer sola en el parque. Por su puesto mi madre se había negado rotundamente, pero por una vez en la vida no le había servido para nada. Sentada en el respaldo del banco, cuando apenas había probado dos bocados dejé la bolsa de comida a un lado y saqué mi teléfono. 
-Hola...
-Ey, preciosa, ¿Cómo estás?
"Qué alivio".-pensé. Tal y como esperaba, usó las palabras exactas que hicieron que se me quitase un poco el abatimiento y cansancio. 
-Bien, todo bien. Sólo que te echaba de menos.-se me arrugó la voz en esta última frase, pero intenté disimularlo tosiendo. 
-Qué adorable... ¿Qué estás haciendo ahora?
¿Adorabale? ¿Había dicho que era "adorable"? Y... ¿eso qué quería decir exactamente? 
-Eh... Estoy comiendo. En un parque... He estado toda la mañana en la empresa y esta tarde tengo que seguir con mi madre... Es una auténtica tortura. 
-Bueno, lo mio tampoco es que sea un parque de aventuras. 
-¿Por qué? ¿Qué estás haciendo?
-Ahora mismo espero en un banco a que Yunho termine de concretar una entrevista. Iba por el azulejo 120 cuando me has llamado.- Ambos soltamos una pequeña carcajada. Me alegraba que hablasemos naturalmente. 
-Oye, vamos... ¿vamos a poder vernos?-siempre la misma pregunta con miedo a recibir un no por respuesta. 
-Oh la verdad es que no. 
-¿No?
-Depende de lo que Yunho me diga ahora tendremos que ir a un sistio o a otro.
-¿Ni si quiera un rato?
-Bueno, tal vez... Tal vez a última hora de la tarde. Antes de cenar. 
-Vale... -la decepción se apoderaba de mi según iba dándome cuenta de que no le vería hoy. 
-Te avisaré con lo que sea. Ahora tengo que colgar, ya sale Yunho. 
-De acuerdo. 
-Has...-Esta vez fui yo la que no le dejé terminar y colgué. Me quedé con las manos sobre las piernas borrando todas las imágenes que había creado en mi mente de cómo sería el encuentro de Junsu. No iban a servir de nada mis ganas de abrazarle y de sentir que este tiempo sin vernos no nos había afectado para mal. Todo indicaba a que sí... El móvil aún en mis manos comenzó a vibrar y la voz de mi madre sonó al otro lado del altavoz. A los cinco minutos vi el irreconocible coche negro aparecer por un lado del parque y mi madre bajó la ventanilla cuando ya estaba de camino, por si aún no sabía que era ella. 
     Manos llenas de bolsas, sonrisas falsas en cada una de las tiendas, conversaciones superficiales con cada una de sus amigas que se nos habían ido sumando a lo largo de la tarde. La tienda del vestido de novia era el último sitio , y el que más temía. Me aterraba la imagen de mi misma vestida de novia con un extravagante traje blanco, un enorme ramo de flores en las manos, y un velo más grande que la propia cola del vestido. 
-Mama no, no quiero entrar ahí...
-Vamos, tienes que hacerte pruebas. 
-Pues que se lo pruebe otra...
-Shin Yun Hye, entra ahí y ni una palabra más. 
     Entre ella y sus chismosas amigas me hicieron entrar a la fuerza. En cuanto entré, cientos de vestidos se echaron sobre mi colgados en sus perchas, los maniquíes adoptaban la forma de mi cara, de mi cuerpo, y lucían encantados los preciosos vestidos con diamantes y piedrecitas incrustadas. 
-¡YunHye, espabila!-mi madre me tenía cogida del brazo ante el mostrador, y por lo visto esperando a que yo hiciese algo y despertara de la pequeña visión que me había asaltado nada mas entrar a la boutique. 
-¿Qué, qué? ¿Qué quieres?-dije en un tono demasiado alto y desagradable que después sin duda me costaría una larga reprimenda. 
-Saluda a la señora Simona por favor , tu traje viene directo desde Milán.-La aludida me miraba con los ojos demasiado abiertos y una sonrisa  asintiendo con la cabeza ligeramente, seguramente esperando mi admiración. Al ver que no movía ni un músculo de mi cara se dio por vencida y desapareció torciendo la boca por una puerta. A los pocos segundos volvió con dos señoras más mayores, y mi madre comenzó a andar detrás de ellas en cuanto salieron del mostrador, haciendo que la siguiera tirándome del brazo. Pasamos a un segundo salón, mucho más pequeño en el que solo había un maniquí desnudo subido en una plataforma. Una de las mujeres se lo llevó y la otra me cogió y me subió colocándome donde segundos antes había estado el maniquí auténtico. Aunque en realidad no había tanta diferencia... 
     Intenté cerrar los ojos y el resto de los sentidos de mi cuerpo mientras dos pares de manos trabajaban en mi quitándome y poniéndome cosas. Tiraban de cintas ciñéndome más la cintura, cuchicheaban en italiano, y a un poco más de distancia, distinguía las voces de las amigas de mi madre. Extrañamente ella estaba callada. ¿Estaría pensando, por una vez, en como me sentía yo? Yo tenía los ojos cerrados, pero ella me estaba viendo. Tal vez se estaba arrepintiendo de lo que veía. Tal vez se estaba dando cuenta de que esa no era la vida que una joven de 18 años debía llevar. Pesadamente, y en un acto reflejo, abrí los ojos cuando dejé de notar las manos de las modistas. Ese espejo no estaba ahí antes. Subí la mirada más allá del marco de madera del espejo. La cola descansaba extratégicamente colocada a un lado. Seguí subiendo la mirada con cautela descubriendo el corte que hacía la falda en la cintura y una caída arrugada en un lado en forma de cascada, de alguna manera se convertía en la cola del vestido. Me costó más de dos intentos volver a subir la mirada y ver como el blanco pulido del traje se ceñía por completo a la cintura y subía hasta el cuello dejando tan solo los hombros y brazos al descubierto. Moví un brazo llevándomelo al cuello, tocando las brillantes piedrecitas en la garganta, al pelo que antes estaba suelto y ahora se contenía en un pequeño moño, a la mano que acababa de ver en el espejo y que llamó mi atención al bajar la mirada para contener las lágrimas. Sin saber de quien era la agarré fuerte, pero solo agarré aire. Miré de nuevo al espejo y la mano había desaparecido, pero en su lugar había alguien al fondo de la sala... Moví la cabeza ligeramente para seguir viéndole y... como si mi subconsciente supiera exactamente lo que necesitaba ahora, hizo apareer a Changmin mirándome desde la distancia con una pequeña sonrisa. Vestido de blanco al igual que yo, pero como siempre más reluciente... Echó una larga mirada al vestido y después volvió a mirarme a mi. Extendió una vez más su sonrisa y se dio media vuelta, desapareciendo...

    Respiré hondo varias veces a lo largo de la tarde hasta que finalmente llegué a mi habitación. Tiré la fina chaqueta que llevaba sin reparar en dónde caía y me dejé caer en la cama. Había sido un día bastante pesado y largo. Los vuelos no solían cansarme, por desgracia estaba acostumbrada desde bien pequeña, pero el resto del día con mis padres, y especial mi madre, eso sí que había sido agotador. Además sin la motivación que tenía en un principio de ver a Junsu. No podía decir que no me había dolido que me dijese que no podía quedar, pero ya estaba acostumbrada, la decepción había sido más leve. Y extrañamente estaba más cabreada que triste, lo que me dio dolor de cabeza insoportable. Cuando estaba consiguiendo entrar en ese estado de duermevela que tanto se disfruta después de un agotador día, abrí los ojos como platos y me desperté sin saber por qué. El sueño se me fue de golpe. No sabía que hora era, pero seguramente aún quedaba un buen rato para la cena, así que me metí en la ducha intentando volver a ese estado de relajación, pero no lo conseguí. Cuando atravesé la puerta del baño los cajoncitos del escritorio llamaron mi atención. Pocos segundos después ya estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada sobre el cabecero y con el cuaderno de pintura sobre las rodillas levantadas. No dibujé rápido como solía hacer cuando me daban este tipo de arrebatos, al contrario, me pareció que me recreé una eternidad sin saber exactamente lo que quería dibujar. Pero al igual que en la tienda de novias, mi subconsciente ya había dado ese paso por mi y me di cuenta de que había vuelto a dibujar a Changmin. Sí, desde luego era él. Parecía que me miraba a través del papel... Y seguí dándole forma. A lo largo de los años había descubierto que lo que mejor se me daba era dibujar personas, pero me había dado cuenta de que con Changnin no sólo dibujaba personas, sino que conseguía dibujar momentos. Momentos que ya habían pasado, momentos que recordaba a la perfección. Estaba tan absorta en el dibujo que cuando entró Marlen por la puerta con una bandeja con la cena intenté rápidamente esconderlo. Lo conseguí cuando Nana aún no había cerrado la puerta, pero con tan mala suerte que quedó arrugado bajo la almohada. 
-¿Molesto niña?-preguntó acercándose y colocándome la bandeja en la cama.-¿Dibujaba?
-Sólo hacía garabatos.-Me estiré un poco y lancé el cuaderno al escritorio para comer con más facilidad. 
-¿Cómo le fue el día señorita? Escuché que estuvo todo el día con sus padres. 
-Sí, no sabes qué infierno. 
-No hable así. 
-Es la verdad. Ni si quiera me preguntaron por mis vacaciones. Ni por mi cumpleaños. Nada. Van a lo suyo como siempre. 
-Bueno, ¿lo pasó bien en su cumpleaños?¿Hicieron alguna fiesta?
-Nada especial... Pasé el día en la playa.-dije con cansancio. Recordar ese día no me sentó muy bien. La balanza se movía demasiado...
-Vale niña, la dejo ya. Después pasaré a recoger la bandeja. Y duérmase pronto, estará cansada. 
-Sí Marlen, gracias...-Me incliné un poco sobre mis rodillas y la alcancé con mi brazo antes de que se diera la vuelta. La di un pequeño abrazo y me sentí un poco mejor. Ella me respondió como siempre, con ternura, como se supone que una madre debería abrazar a su hija. 
     Cuando Marlen se marchó cené, o más bien deboré uno de mis platos preferidos que sin duda había sido preparado personalmente por ella. Bajé a la cocina a dejar la bandeja y di las buenas noches a las pocas cocineras que quedaban limpiando. De vuelta a mi habitación, cuando fui a meterme en la cama para dormir definitivamente, la pequeña esquina de un folio sobresaliendo por la almohada llamó mi atención y me recordó lo que estaba haciendo antes de que Nana me interrumpiese. El papel estaba un poco arrugado, pero aún así esos ojos me penetraban haciendo que me doliera una parte bajo el pecho que nunca antes me había dolido. ¿Por qué tenía que mirarme así? Y lo peor, ¿Por qué no podía dejar de pensar en él, dejar de mirarle? Incluso si mi lápiz le buscaba sin que yo se lo mandase, aparecía él, daba igual. ¿Por qué ese ligero esbozo en sus labios me hacía querer tenerle delante para verle sonreír? Le había visto hacia un par de horas tan solo... Pero había algo dentro de mi que no estaba tranquila. Precisamente, la ausencia de esa sonrisa que tanto me gustaba era lo que más ansiosa me tenía... Seguramente me habría podido tirar horas así, mirando y preguntándome a mi misma sin saber o sin querer responderme, sino hubiera sido por que una mancha en el borde de los ojos de Changmin llamó mi atención. Cuando me fijé bien, fue la vuelta a la realidad. No me había dado cuenta de mi llanto. Las lágrimas corrían libremente por mis mejillas, tan silenciosas que no me habían alarmado hasta que saltó una de ellas al dibujo. Me levanté de la cama y lo guardé en el cuaderno, junto a los demás. No pude evitar mirar un poco por encima el resto. No era consciente de la cantidad de dibujos que tenía de él. Él solo, él con sus caballos, él conmigo... Incluso tenía un pequeño boceto de él con Junsu. Después de dejar cerrar el cajón con el cuaderno dentro me dejé caer dentro de las sábanas. Si tenía que seguir dándole vueltas a la cabeza sería en la cama. Ella sofocaría mis leves llantos y tal vez con un poco de suerte mi subconsciente me ayudase y me diese un poquito de la claridad que tanta falta me hacía... 
     El día siguiente me desperté cuando los rayos del sol ya hacían que el calor bajo las mantas fuera insoportable. Miré con los ojos aún cerrados al pequeño reloj negro de mi mesita. Marcaba algo más de las 12 de la mañana. Había logrado dormir unas cuantas buenas horas que aunque sin duda me hacían falta y mi cuerpo estaba descansado, dudaba mucho de que mi mente lo estuviera también. Al darme la vuelta en la cama con la intención de seguir un rato más, algo interceptó mi mirada. Al final de la cama, sobre la pequeña e improvisada mesa desplegable había una bandeja con fruta<, zumo, y otra taza que supuse que era leche fría. No me había dado cuenta del hambre que tenía hasta que no la vi y me lancé sobre una apetitosa manzana que parecía llamarme desde la distancia. La cogí y fui hasta la ventana, abriendola y sentándome en el marco con las piernas hacia dentro, respirando el aire fresco que que el principio de verano había recogido de la primavera. Cuando no llevaba aún ni media manzana entró Marlen, agobiada y acalorada. 
-¿Qué pasa Nana?
-Hay que darse prisa. Nos acabamos de enterar y por eso no la desperté...Pero ya es hora. 
-¿Pero enteraos de qué...?-pregunté algo preocupada y bajando del poyete. 
-Los señores Kim han organizado una comida. Y sus padres no sabían nada...su madre está de los nervios buscando la ropa adecuada y nos tiene locas a todas...-mientras hablaba se paseaba por la habitación haciendo mi cama en menos de medio minuto y buscando en mi armario algo que sin duda mi madre ya le habría ordenado que me diera.
-¿Una reunión?
-Sí. Vamos señorita, póngase esto deprisa que en media hora tiene que salir. 
-Joder...-no pude evitar maldecir la situación ante estas malas noticias tan pronto.... Seguramente Marlen me había corregido, pero no la escuché porque ya había cerrado la puerta del baño, para meterme directamente en la ducha. 
     Los nervios me comían por dentro cuando salí del coche a la vez que Changmin y sus padres lo hacían del suyo frente a la puerta del restaurante. En cuanto nos acercamos noté algo diferente, tanto que incluso se le notaba en su habitual segura y firme manera de andar. Nuestros padres se saludaron efusivamente como siempre, tanto como les permitía el protocolo que tan a raya llevaban algunos...Apretón de manos, golpes leves en la espalda, y un ligero abrazo por parte del sector femenino. En cambio Changmin y yo, cuando nos acercamos nos quedamos mirando y no dijimos nada. Después de unos cuantos segundos muy breves fue él quien apartó la mirada y se giró con las manos en los bolsillos del pantalón al parecer muy interesado en el edificio de enfrente. Esperaba que con el saludo nuestras familias no se hubiesen dado cuenta de nuestro "no-saludo", lo último que me apetecía en este momento eran malas caras, me tenía tan intrigada la situación que haría cualquier cosa por enterarme del motivo de reunión. Así que fui yo la que volví a acercarme a él y le agarré del brazo, más pendiente de la reacción suya que de la de mis padres y los suyos. Y él me miró alto, como siempre desde un poco más que la altura de mi cabeza, preguntándome sin hablar el porque de mi gesto, tan extraño como habitual. 
-¿Qué haces?-pregunto echándose hacia atrás. 
-Casi ni nos hemos mirado. Van a sospechar. 
-Da igual.-dijo tras unos segundos soltándose finalmente de mi brazo bruscamente, y seguidamente sin decir nada más ni esperar a nadie entró al restaurante. 
     ¿Da igual?¿Desde cuando? Bueno... Tal vez hoy Changmin solo tenía u n mal día y por eso estaba tan  borde. Deseaba que solo fuera eso. Que no tuviese nada que ver conmigo. Nada más, al menos. Bastante habíamos tenido ya... 
     Una vez que estuvimos todos dentro un camarero nos condujo a una mesa redonda cerca de la puerta. Ya había estado aquí antes... pero no sabía exactamente cuando. Seguramente había sido en otra reunión del estilo... 
     Ni yo misma me reconocía, vigilando en todo momento las caras de mis padres, de los de Changmin, de él... Y precisamente él era quien más ansiosa me tenía. Nuestros padres hablaban entre ellos, mientras los servían el vino, y solo su madre le echaba miradas furtivas muy disimuladas. En otras reuniones parecidas, que habíamos tenido unas cuentas, Changmin me solía coger la mano por encima de la mesa, bebía con el resto, les seguía en la conversación... Pero parecía que se habían cambiado las tornas, y él estaba ahora mismo como yo solía estar: no levantaba la cabeza del plato, no movía ni un ápice de su cuerpo. 
-Changmin...-susurré muy por debajo del resto de las voces. Tuve que repetirlo otra vez para que me hiciera caso girando tan solo un poco su cabeza.-Changmin.
     Pero no dijo nada. Tan solo se limitó a mirarme con pesadez. 
-Changmin ¿qué te pasa?¿Por qué estás así?-le pregunté nerviosa. No me gustaba nada lo que estaba viendo. Tenía muy marcadas las ojeras y podía adivinar una leve rojez en los ojos. Además tenía muy mal color de cara.-Sabes por qué es esta reunión, ¿verdad? ¿Pasa algo malo?
-Limítate a comer.-dijo cortante y mecánicamente mientras él se disponía a hacerlo. 
     Estaba claro que le pasaba algo. Es cierto que nuestra última conversación (real) fue bastante fría y esclarecedora en cuanto a nuestra relación, pero ¿íbamos a pasarnos así el resto de nuestra vida? Normalmente era él quien me obligaba a fingir mi conformidad y nuestra buena relación. Pero por algún motivo que desconocía y deseaba saber a más no poder, él ahora no estaba por la labor de hacerlo. Por lo demás fue una comida sin diferencias en cuanto a las anteriores... Nuestros padres parecían no reparar en nosotros, hablaban como si nada hasta que después de que les llevasen el vino, Chamgin alzó la cabeza un poco más que por encima de su copa y llamó solemnemente su atención. En ese momento, sobretodo yo y su madre sin que se le notase mucho, hicimos varios gestos para intentar camuflar la tensión. Yo por ejemplo, agarraba incoscientemente con una fuerza exagerada en mi el borde del mantel. 
-Como supongo que ya imagináis, esta reunión la he organizado yo.
-Sí, ¿Qué pasa hijo? -le preguntó su madre. Él la miró y tras parpadear varias veces seguidas volvió la mirada a su plato, como si necesitase tener un punto fijo de visión. 
-La empresa ShinSea tiene una gran deuda con la nuestra como sabemos todos.-según dijo esto mi madre comenzó a toser dejando de golpe la copa de vino en la mesa. Changmin la miró esperando a que se hiciera de nuevo el silencio y continuó cuando lo vio oportuno.-Por eso ambas familias pensasteis en casarnos a Shin Yun Hye y a mi, para que ella al ser la única heredera me pasase los poderes a mi y por consiguiente que nuestra empresa dirigiese parte de ShinSea, haciéndose así cargo de la deuda, de una manera un poco...menos transparente. 
     Nadie dijo nada. Nadie se movió. Changmin tenía encima 5 pares de ojos ansiosos esperando sin saber por dónde seguiría la conversación. 
-Desde que nos lo anunciasteis a nosotros dos he estado intentando retrasarlo, anularlo...buscar otras maneras de soldar la deuda que no sea sacrificando nuestras vidas. No es nuevo que ninguno queremos esta boda. Y ya estoy cansado de ver como sometéis a YunHye, como nos sometéis, a algo que no queremos en absoluto. -fijó la mirada duramente en mi madre, la que respondió, o al menos lo intentó haciéndose la loca.  
-¿Qué dices Changmin? ¿Cómo que no...?
-¡Es tu hija!-dijo acompañando su exclamación con un golpe en a mesa. 
-¿Qué se supone que estás haciendo Changmin?-intervino su padre. 
-No he terminado de hablar.-dijo sin mirarle. De reojo vi como él quiso levantarse y seguir hablando, pero la señora KimEumDom le paró.- Sabes perfectamente que ella no quiere casarse y aún así sigues adelante con este compromiso, ¡sólo para salvar tu culo ante los demás, solo por las jodidas apariencias!-hablaba directamente a mi madre, la cuál le miraba con los ojos extremadamente abiertos de la sorpresa ante el ataque... Y totalmente indefensa. Por  una vez se había quedado sin palabras... 
-Changmin, reláj...-dije en un torpe intento de hacer que se tranquilizase. Yo era la primera que estaba alucinando con sus palabras, pero temía que su padre o mi madre pudieran arremeter contra él. Coloqué mi mano sobre la suya y él tras mirarla y respirar hondo varias veces se soltó. Por segunda vez en el día...
-No habrá boda. 
-¿¡Qué!?-exclamamos todos a la vez. 
-Todo está cancelado. El catering, su maldito vestido... todo. 
-Pero hijo, ¿por qué? Si vosotros dos...
-No madre, entre YunHye y yo no hay nada más que lo que vosotros habéis querido crear. Yo en un principio si la ... si la quise. Pero ella a mi no. Nunca pensó en mi como en alguien a quien querer. Y yo no pienso obligar a nadie a que esté conmigo si no quiere.-Hablaba como si yo no estuviera delante, como si no estuviera escuchado. Intenté decirle algo, cualquier cosa, negar todo lo que había dicho, pero mis labios no se movieron nada más que para temblar, y él tras desplazar su mirada brevemente a ese tembleque se levantó de la silla y continuó hablando.- No habrá boda...-repitió- Podéis solucionar esto entre vosotros como queráis. Y si me entero de que volvéis a poner en marcha el compromiso desvelaré los verdaderos motivos de la unión de las empresas. Y no creo, señores Shin, que eso les interese mucho.  
-¡No hables así!-intervino por segunda vez su padre. Al borde de un ataque de nervios. Pero éste le obvio por segunda vez. 
-Ah, y tampoco quiero enterarme de que le echáis la culpa a ella o la hacéis cualquier cosa... Estas cosas pasan así, nadie...tiene la culpa. -Nos miró a todos a la cara reparando varios segundos en mi, y finalmente se marchó, dejándonos a todos más fríos que el hielo que ahora se consumía poco a poco en las copas. 
     Mi congelamiento duró apenas unos segundos, después me levanté también e intenté seguir los pasos de Changmin mientras notaba cono en la mesa iban despertando del trance por las voces. Conseguí alcanzarle a la vuelta del edificio cuando estaba apunto de entrar en un coche. 
-¡Changmin!-le grité.-¡Changmin espera por favor!-Él se giró a regañadientes, dejando semi-abiertea la puerta del copiloto Según me acerqué vi en el asiento del conductor a su amigo JaeJoong, a quien no saludé y de quien tampoco recibí saludo.-Tienes que explicarme esto.-dije finalmente cuando llegué a su lado respirando agitadamente por la pequeña carrera, por la situación, por todas las cosas que quería decir. 
-¿Qué no has entendido?Creo que he hablado claro. 
-Pues yo no lo entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué ahora?
-Es lo que tú querías ¿no? Nada de boda... Pues ya puedes estar tranquila. Además... yo ya no quiero saber nada de ti. Y tú ya puedes disfrutar completamente de tu libertad y usarla para estar felizmente con quien quieras.-Se dió media vuelta y antes de que yo volviera a frenarle, se giró el solo hacia mi de nuevo.-Por cierto.... Esto es algo que tenía desde hacía tiempo. Pero ya no quiero compartirlo...así que toma, es todo tuyo.-Sacó de su bolsillo interior de la chaqueta una fina y pequeña caja y abriéndome la mano me la dio.-Aprovechalo.-dijo finalmente con un tono ácido antes de meterse por completo en el coche, el cuál desapareció rápidamente por la carretera según entró, dejándome efectivamente, con la pequeña caja entre las manos, intentando sostenerla entre tanto tiritón. Cuando iba a soltar el pequeño lazo azul escuché a lo lejos los inconfundibles gritos de mi madre, y eché a correr guardando el paquetito en el pequeño bolso que había cogido antes de salir. 
     No me había dado cuenta de dónde estaba, pero con razón me sonaba el restaurante. Ahí fui a comer con Junsu por primera vez. Y si no me equivocaba su casa debería estar no muy lejos, así que comence a andar una vez a salvo de que me encontrasen. No sabía donde acabaría, pero andar sin rumbo durante un rato tal vez me ayudaría a aclarar el nudo de mi cabeza. Estaban juntándose demasiadas cosas ahí dentro... La primera, y la que me gustaría que fuese la más importante era la de la anulación del compromiso. pero no era así, eso no era lo más importante, sino lo que conllevaba. Todo lo que había dicho Changmin, sus tan duras palabras... No anulaba el compromiso como una forma de rebelión ante las familias como podían entenderlo ellos por mi parte, ni porque no estuviera conforme con que alguien manejase su vida, sino por mi. Porque no quería estar conmigo, no quería saber nada de mi, él mismo lo había dicho... Y no era la primera vez que me lo decía ya lo había hecho en la puerta de su habitación de hotel en las vacaciones. La primera vez que lo dijo, dolió... y esta segunda, dolió aún más. Había sido otro golpe directo cuyo dolor se reflejaba en el centro del pecho. 
     Paré en una esquina y me apoyé con los ojos cerrados para calmar mi respiración y recuperar el estado normal de mis pulmones. Cuando abrí los ojos vi el edificio hacia el que había estado corriendo sin darme cuenta. Si había llegado aquí inconscientemente sería por alguna razón. El portero de Junsu charlaba alegremente con alguien en un coche. Sería la ocasión perfecta para entrar ahora que estaba distraído. Me acerqué como si nada y no reparó en mil Y cuando estuve segura de que no me veía empujé las fuertes puertas de cristal y comí escaleras arriba. Otra vez corriendo. ¿Para qué? Ya estaba dentro, ¿qué prisa había? En realidad no sabía por qué había venido. No le había avisado y tal vez no estaba. Pero era el momento de verle, o intentarlo después de tanto tiempo y contarle todo lo que había pasado. Que al fin estaba libre... Aunque esta reciente libertad me estuviese oprimiendo más que la supuesta propia cárcel de antes. 
     Esperé a tranquilizarme definitivamente frente a la que era la puerta de su piso, y escuché un pequeño murmullo que venía del interior. Bien. Al menos estaba dentro... Alcé la mano y pulsé una sola vez el timbre. Se hizo el silencio y tras unos segundos el ruido de unas pisadas en el suelo me indicó que se acercaba a abrirme, e intenté esbozar mi mejor sonrisa. Pero la puerta se abrió, y no era él. 
-¿Quién eres tú? 
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sábado, 16 de febrero de 2013

Tan sólo un sueño.



Tan solo a un par de metros... se encuentra mi sueño. 
Es un bonito sueño, yo diría que precioso. 
Y es sueño porque aparece cuando cierro los ojos, y cuando miro al infinito y parece que estoy y en realidad no estoy. 
 
 Aparezco allí, en una explanada libre, y tú  más libre aún. Tu sonrisa es verdadera con tus labios como frontera. Y esas pocas pecas... quiero verlas más de cerca. Recorrer tu barbilla, intentar hacerte cosquillas. Es difícil, al final siempre me evitas y consigues que sea yo la que ría. Y nuestras sonrisas se sonríen. Retraso el momento de mirarte a los ojos. Esos ojos que me descolocan, vuelven loca y hacen que el latido de mi corazón resuene fuerte, como una bomba. Bomba que finalmente estalla si me rozas.Pero tus manos me buscan, y parecen estar hechas a medida para encuadrar mi rostro... No me acostumbro a ser única en tus brazos, única en tus ojos... Y lo más raro, única en tus labios... Son sólo para mi. Los míos para ti. Y con tu destreza y delicadeza, y mi sorpresa y ligereza, hacemos la mezcla perfecta.

 Esta unión que mi mente sólo en sus mejores sueños soñó...


 ...a raíz de mirarte desde lejos, y lejos, y más lejos... hasta perder tu silueta y encontrarla por sorpresa. A raíz de coincidencias demasiado perfectas. De buscar por los rincones restos de tu presencia. A raíz de que mi corazón suba a ver a la garganta cada vez que te cruzabas, dispuesto a soltar estas palabras por mucho que temblara... 

Esto no es una declaración de amor, más exactamente es una declaración de sueños. Que apareces tú, o no tú, o tal vez él. Pero yo si estoy, y si "tú" también, es un sueño perfecto. 

Jeza.
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domingo, 20 de enero de 2013

Ven..ven.. acércate.


Se acabó.
Tu muerte anunciada se fue prolongando demasiado.
Hoy me dedico a mí misma este final para un nuevo principio. 
Hoy me obligo a mi misma a recordarme que NO EXISTES. 
Que no eres NADA. 

Siempre he jugado con desventaja, me siento débil y con temor a cada hora, por si ahora que todo va bien me van a dar otro revés, por el que dirán, por incluso, ¡si te haré daño! Luego recuerdo que no tuviste jamás esa amabilidad conmigo y duermo plácidamente.
Por todas mis concesiones, quizás pudiste tocar aquel cielo que pintas de azul, que en realidad era nublado y amargo, falso y superficial,  y que ahora te dedica una explosiva tormenta. Me alegro.
Me regocijo en cada triste balada que dedicas a lo que en realidad no existió. 

No olvides jamás que cada momento que has vivido ha sido regalado por mi. Con todo mi dolor. Que por cada minuto que pasaste entre sus sábanas has tragado mi latente veneno. Sucio y usado. 
No olvides que no tienes el derecho de ser la víctima. Te ha gustado el juego desde el principio.
Se que a todo este dolor, tú te has prestado con gusto y orgullo, te has jactado de ello como si debiera hacer todo el mundo igual. Ahora carga con el peso de tu errores, asúmelos y lárgate.

Todo acabó, y me pilló de imprevisto el que todo vaya tan bien. Me hace temblar de miedo. 
Así que  me río de nerviosismo por si acaso algo se tuerce, que me pille disfrutando. Cumplo mi plan B: "disfruta hasta que puedas" sencillo y práctico, que me ha traído hasta sus brazos. 
Me dan igual tus pruebas, tus relatos y mis miedos. 
Porque yo he tenido dolor, rabietas y llantos suficientes, se ve que tú aún tienes ganas de marcha. 
Desde Mayo todo me sonríe a veces a medias, a veces completamente.
Con cautela. 
He asumido riesgos, he estado tendiendo de un hilo y por fin estoy en tierra firme.
Finalmente me da igual todo lo que no sea un te quiero. Me reservo mis intimidades y recuerdos para mi, cosa que tú también deberías hacer. No me gustaría que todo el mundo leyera mi deshonra. 

He llegado a un límite, has estado jugando demasiado con él. 

Demasiada altanería en tus palabras para lo vergonzoso de tus actos.

Alba. 



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miércoles, 2 de enero de 2013

Beautiful Melody Capítulo 14





Capítulo 14.

-¿Qué te pasa?-preguntó San Wol. Se apartó del espejo en el que estaba pintándose y se acercó a mi con el ceño fruncido.-¿Estás bien?

-Sí, sí... 
-Estás completamente blanca.-me sujetó por el codo y me ayudó a llegar hasta la cama. 
-Ya ya...Estoy...
-¿De dónde vienes? ¿Qué ha pasado?
-Nada, de verdad, no te preocupes. Enseguida estaré bien...-respondí mecánicamente. Me pasé una mano por la frente quitándome el sudor frío que sin darme cuenta había empezado a tener. 
     Desde que Changmin me dejó en mitad del pasillo hasta que llegué a mi habitación me pareció que había pasado una eternidad. mis pasos eran lentos y pesados, como si mi cuerpo sopesara los pros y los contras de quedarme allí parada y esperar o caminar a mi habitación y esperar de cualquier manera. ¿Pero esperar a qué? Estaba todo muy claro, al menos por parte de Changmin. Él quería alejarse de mi para no sufrir. Y por algún motivo esto me estaba doliendo más de lo que me hubiese esperado... 
-Va a ser la hora de la cena, tenemos que bajar. MiNa nos está esperando ya abajo con más gente.
-Yo no quiero bajar... 
-Tenemos que ir.-me puso una mano en el hombro a modo de compasión.-Las horas de las comidas son los únicos momentos que nos pueden tener un poco más controlados... Si no te ven allí se van a mosquear.
     Razón no le faltaba. Que estuviésemos de vacaciones no significaba que el colegio fuese menos estricto, y una de las condiciones para asistir al viaje era que se respetasen los horarios de comidas y excursiones marcados por los profesores y ayudantes.
-De acuerdo, sí, vámonos... 

     Afortunadamente no fuimos las únicas en entrar, aún faltaba gente por llegar así que no llamamos demasiado la atención. Sabía que no era así, pero tenía la sensación de que un montón de miradas se clavaban en mi, así que caminé muy cerca de SanWol mirando en todo momento al suelo. Una vez que nos sentamos donde ya estaba MiNa con más chicos de clase pude levantar la cabeza y observar un poco mi alrededor. Buscaba a una sola persona, y cuando la encontré, casualmente también me encontró a mi. Sólo que él apartó la mirada con más disimulo, sin parecer que me estaba buscando, al contrario que yo. Me había dado tiempo a ver con quién estaba sentado. Otra vez esa chica. Otra vez esa risa y esos ojos coquetos. 

-Oye, parece que quieres quemar el plato...-me dijo MiNa en voz baja con media sonrisa.-¿A donde has ido antes?¿Ha pasado algo?
-No, perdón, no ha pasado nada...-Levanté la cabeza para mirarla e intenté ponerla la mejor de mis sonrisas. No se lo tragó mucho, pero decidió dejarlo pasar y volver a su conversación de antes. En este momento me pareció buenísimo que con estas chicas nunca te quedases sin cosas de las que hablar, decidí relajarme y disfrutar de la cena. Al fin y al cabo iba a tener que aguantarla igual, así que mejor sería que estuviese de buen humor. 
     Algunos de los chicos que estaban sentados en la mesa ni si quiera sabía sus nombres, pero si eran amigos de MiNa y SanWol quería decir que eran iguales, o al menos muy parecidos a ellas, y aunque yo no aporté gran cosa en las conversaciones, más bien estuve casi todo el tiempo callada, sí que fuí el centro de unas cuantas carcajadas en varias ocasiones, al decir algo gracioso sin intención de que lo fuera. Tal vez eso era lo que hacía que se riesen, que lo que decía lo decía totalmente sería y sin ningún punto de comicidad. Como era un buffet libre y teníamos que ir nosotros a por lo que quisiéramos, intenté levantarme a por la comida solo cuando Changmin estaba sentado y no hubiera posibilidad de que nos encontrásemos. No me apetecía incrementar más mis nervios... 
     Esta noche no teníamos permiso para salir de fiesta. Así que los profesores nos ordenaron irnos a nuestras habitaciones en cuanto terminásemos de cenar, y alguno se quedó haciendo guardia en el restaurante hasta que todos los alumnos nos hubimos ido. Mis compañeras se retrasaron un poco más en subir a la habitación porque se quedaron hablando con más gente en el hall y cuando llegaron a la habitación yo ya estaba metida en la cama y aparentemente dormida. Con lo poco que las conocía ya podía adivinar que no iban a tardar ni 10 segundos desde que entrasen por la puerta en preguntarme lo que me había pasado antes. Y a mi era lo que menos me apetecía, recordarlo. Quería dormir, o al menos intentarlo. Tal vez si cerraba muy fuerte los ojos podría borrar lo que había pasado, cambiar las cosas, y que al volver a abrirlos todo fuese distinto... 

     Cuando el día siguiente quise darme cuenta de que ya estaba despierta, me encontré con los ojos abiertos como platos mirando al techo y la habitación ya estaba iluminada por el sol. ¿Cuánto había dormido? ¿Un par de horas? ¿Tres como mucho?Me dí la vuelta intentando volver a conciliar el sueño metiendo la cabeza bajo la almohada y tapándome entera con las mantas. Lo de las mantas lo olvidé, hacía demasiado calor como para estar arropada. Por la noche habían bajado las temperaturas, pero ahora, con los rayos del sol sobre mi cama era una locura tener frío. Aunque pudiera haber dormido no lo hubiera conseguido porque enseguida empecé a escuchar jaleo en el pasillo. SanWol y MiNa se despertaron casi a la vez, y gracias al cielo, no estaban tan habladoras nada más despertar. Esperé en la cama hasta que ellas terminaron de arreglarse en el baño, y bajaron antes que yo a desayunar. Yo me tomé mi tiempo. Las pocas horas de sueño le habían pasado factura a mi cara, más pálida que de costumbre y con unas pequeñas sombras moradas bajo los ojos. Las estanterías estaban llenas del maquillaje de mis compañeras, así que supuse que no les importaría que me echase un poco. No tenía mucha destreza en esto de maquillarme, pero aun así el resultado fue mejor de lo esperado. El plan de hoy era visitar unas cuevas que estaban a una hora de nuestro hotel, y estaríamos fuera hasta la noche. Cuando ya estuve lista y mis tripas empezaron a rugir bajé al comedor y entré tras respirar hondo varias veces. Bajé la cabeza cuando encontré a MiNa y el resto, sin atreverme a buscar a quién quería. Parecía que hoy había menos entusiasmo que ayer, por la cosa de tener que madrugar, y que tal vez a mucha gente no le parecían demasiado interesante unas cuevas... Terminamos de desayunar y cuando salimos del hotel ya había un par de autobuses esperando, y disimuladamente, antes de que yo me subiera a uno, vi que Changmin daba media vuelta y subía al siguiente. Me senté con fastidio en la parte delantera del autobús, sin esperar que nadie se sentase conmigo. Mejor, así podría aprovechar esta hora para intentar dormir lo que no había dormido por la noche. Pero para mi desgracia, más que dormir me tiré toda la hora dando cabezazos contra el incómodo cristal, que al estar apoyada no paraba de vibrar, lo que me puso un dolor de cabeza terrible. Afortunadamente el autobús frenó definitivamente y abandoné ese cacharro de cuatro ruedas lo más rápido que pude. Si por mi fuera hubiese salido por la ventana...

     Las cuevas no me gustaron nada. Me agobiaba demasiado estar prácticamente a oscuras en un sitio tan pequeño y para colmo, a unos cuantos metros bajo tierra. Terminé el recorrido un poco antes que el resto, saltándome las últimas explicaciones de los guías y por fin cuando estuve fuera pude respirar con tranquilidad apoyada en las barandillas. Esto sí que era bonito. No había visto muchas veces el mar, al menos no tantas como me hubiese gustado, pero casi siempre conseguía dominarme. Tenía un efecto en mi más que relajante, me llevaba a un estado de paz del que sólo me sacaron unas carcajadas detrás de mi que resonaron por el eco de la cueva. Me giré sorprendida, aunque no me hizo falta, porque sabía perfectamente de quiénes eran. Se me quedaron mirando según salieron, sin esconder sus sonrisas, y tras pararse por unos breves segundos continuaron andando escaleras abajo. Volví a apoyarme en la barandilla, dejando mi cabeza caer, a ver si así se caían al agua también unos cuantos pensamientos y así el mar podía llevárselos... Sólo tenía ganas de salir corriendo detrás de ellos y separar a esa chica que ni si quiera sabía cómo se llamaba de mi Changmin. El resto de la gente empezó a salir, ayudándome a quitar de mi mente la palabra "celos", obligada a desaparecer de mi diccionario...
     La siguiente actividad después de las cuevas fue visitar la pequeña cala que le daba entrada o pasear por las tiendas para comprar algún recuerdo. Yo elegí la segunda opción, con la que podría estar con más gente y distraerme. Cualquier cosa antes de quedarme sola... Cuando llegó la hora de la comida SanWol y MiNa se separaron del grupo con el que llevaban todo el viaje y me invitaron a sentarme con ellas en la terraza de uno de los bares. 
-Oye YunHye... ¿Qué os pasa a Changmin y a ti?-me abordó MiNa en cuanto nos sentamos con nuestra comida. 
-¡¿Qué!?.-La pregunta me pilló tan desprevenida que me atraganté con el pequeño trago que le había dado a mi Cocacola. 
-Pues eso...-respondió SanWol dándome unas palmaditas en la espalda descuidadamente.-En el colegio estabais todo el día juntos, se os notaba muy unidos, y ahora ni si quiera os miráis...
-Además él se pasa todo el día con esa tal HyoSeun.
-Sí, de hecho ¿no ibais a casaros? ¿Qué pasa, lo habéis...dejado?-continuó SanWol.
     HyoSeun. Por fin le ponía nombre a la chica que había salido de la nada.  
-No, no... No es eso. Nunca estuvimos... muy comprometidos.-Tenía que tener cuidado con lo que decía. Si sabían lo de la boda era porque seguramente sus familias habían estado en el acto del otro día. 
-¿Cómo que no? YunHye yo estuve el domingo pasado en la ceremonia de anunciación con mis padres.-dijo SanWol. 
-Ah, mira qué bien... -dije sin pensar dándole otro trago a la Cocacola. 
-Escuché cómo vuestras familias anunciaban vuestro compromiso, y la unión de vuestras empresas, claro.-continuó como si no hubiera oído nada. 
-Ya. Bueno, es que... Changmin y yo hemos decidido separarnos un poco estas vacaciones. Al fin y al cabo somos muy jóvenes y queríamos ver si éramos capaces de hacer nuestra vida sin el otro... Pero está todo bien, la boda sigue en pie...
     En esta ocasión mi imaginación y mis escasos dones interpretativos no me sirvieron para mucho. Me miraron con el ceño fruncido con pinta de no haberse creído una palabra, pero aún así lo dejaron pasar...
     La semana fue pasando más o menos con la misma rutina de hoy: nos levantábamos por la mañana y visitábamos algún sitio turístico de la ciudad, comíamos en algún restaurante, y por la tarde algunos días nos quedábamos en la playa o en la piscina del hotel, o bien salíamos a recorrer las tiendas de los alrededores del hotel. Durante toda la semana había tenido mis buenos y malos momentos respecto a mis fuerzas de flaqueza. Aunque intentaba mantenerme ocupada todo el tiempo seguía teniendo demasiados ratos para pensar. Y sólo tenía un mismo pensamiento: que echaba de menos a Changmin de una manera insoportable. Bueno, más bien dos pensamientos: esa HyoSeun no me gustaba nada. Habían desaparecido juntos más de una vez sobretodo por las tardes, y eso me crispaba. Me irritaba saber que podían estar en cualquier lugar haciendo... vete a saber qué. Prefería no pensarlo. Y desde luego me hubiera sido mucho más fácil conseguirlo si no se pasearan todo el tiempo juntos por todos los rincones del hotel en los que casualmente siempre estaba yo.
     Pero el jueves por la tarde cambiamos, fuimos a un campo muy famoso de la ciudad. Como el viaje en autobús también era un poco largo quise parar en una tienda para comprarme unos lápices y aprovechar para pintar, porque no me apetecía buscar entre la minileonera que era mi maleta... Mientras esperaba a que me cobrasen algo llamó mi atención en la estantería más cercana. Era una revista de moda y actualidad, pero en portada salía algo que no me gustó mucho. Pagué en caja sin apartar la mirada de la revista y salí sin esperar el cambio ni los lápices. En el autobús pasé las ojas con ansia hasta que llegué a la foto minimizada que había en la portada, sólo que ahora estaba bien grande, y acompañada de un artículo que no tardé en deborar:  "En esta final de la WorldCup de tenis, además de descubrir a un gran rival para nuestro actual ganador ParkYooChun, hemos podido ver más celebridades reunidas y muy bien acompañadas. Es un claro ejemplo JungYunho, representante y amigo de nuestro deportista favorito, al que vimos en compañía de su también cliente y amigo Kim Junsu. Éste parece estar disfrutando de unos días de vacaciones en su ciudad natal, y qué mejor plan que reunirse con los amigos...¡y amigas! ¡Cuánta mujer para nada más que dos hombres! La afluencia de público femenino a este tipo de eventos no es muy destacable, pero estos dos guapos jóvenes han disparado el interés para esta final! Entre las asistentes encontramos a Maika, nuestra modelo nativa que partió hace unos meses a América y por lo visto está de regreso. ¡Más de uno estará de enhorabuena!" 
     Así que Junsu no estaba trabajando tal y como me había asegurado la semana pasada por teléfono... Estaba en Seúl. Me había mentido. ¿Pero por qué? Me dijo que iba a estar toda esta semana fuera, pero ahora aparecía en una revista del corazón acompañado de un montón más de gente. 
     El artículo continuaba haciendo un repaso de todos los famosos que habían asistido a la final, adjuntando varias fotos. Pero la que más me sorprendió fue una en la que salía Junsu y otra chica mirándose y sonriendo, compartiendo la bebida. Cerré la revista y la guardé en la pequeña mochila de cuero marrón que no había soltado en todas las vacaciones. Hasta unos momentos antes, cuando vi la revista y que Junsu estaba en la portada no me había acordado de él... No había pensado ni si quiera por un momento en que no me había llamado como prometió, o ni si quiera tenía la sensación de que le echaba de menos... Tenía una sensación de angustia, incluso me sentía mal por no haberle llamado yo a él durante esta semana. Así que cogí el móvil y marqué su número. Uno. Dos. Tres. Cuatro... Cinco... Y saltó el buzón de voz. Tiré el móvil de mala gana al asiento vacío de al lado y me pasé una mano por el pelo. A lo tonto se me había puesto un dolor de cabeza horrible. Me froté un par de veces la sien, los ojos, el cuello, intentando eliminar el dolor. Me quedé con los ojos cerrados, con la cabeza reposando sobre el asiento, y fue la única manera en la que el traqueteo del autobús se me hizo más llevadero y el viaje más corto. 
     Este sitio sí que me gustó... Tenía una gran explanada, todo campo, junto a un sendero que daba a un pequeño manantial donde estaba la cascada. Recorrimos parte del río y del campo todos juntos, y luego nos dejaron un tiempo libre mientras los profesores aprovechaban y también se tomaron un descanso. Casi todo el mundo se quedó sentado en el campo, pero yo me volví a meter en el manantial. Dejé mi chaqueta y la mochila cerca de la orilla y me senté metiendo poco a poco los pies en el agua. Al principio, el frío contacto con el agua me hizo arrepentirme un poco, pero el efecto enseguida se calmó. Movía suavemente los pies mientras los peces nadaban al rededor, lo más distanciados posible de mis piernas. El dolor de cabeza se había ido. Ahora tenía más tranquilidad, y podría pensar en lo que me estaba pasando. El hecho de que no hubiera pensado ni por un momento en Junsu y hubiera estado tan obsesionada con otro tema... Y que ese otro tema se hubiese convertido en algo tan importante y doloroso a la vez dejaba muchos más claros en mi mente... Me levanté repentinamente y con los zapatos en la mano fui hacia la cascada. Había unas pequeñas rocas por las que se podía pasar por debajo sin miedo a caer al río y otras por encima que evitaban mojarse. Iba mirando hacia fuera de la cascada cuando noté que por el otro lado venía alguien y miré hacia delante. Changmin estaba frente a mi. Nos quedamos quietos los dos, mirándonos el uno al otro. Él con su pelo oscuro un poco mojado, yo sin respiración... Quise decirle algo, y de alguna manera hallé en sus ojos que él también quería hablarme, pero inmediatamente ambos nos arrepentimos a la vez y volvimos a mirarnos como si nos traspasáramos por lo que parecieron horas. Tardé en reconocer la voz que me robó la atención de Changmin, pero en cuanto se abrazó a él por detrás desperté del pequeño trance. 
-¡Te estaba buscando! ¿Cómo se te ocurre meterte aquí? Seguro vas a...-Él siguió quieto, sin dejar de mirarme y sin responderla mientras yo me di la vuelta y salí de la cascada lo más rápido que pude. Fuí hasta la orilla en la que había estado sentada y cogí mi mochila para salir del lago cuanto antes. 
    
     Domingo. Último día de viaje. Ese día no había ninguna actividad planeada, podríamos hacer lo que quisiéramos siempre que fuera dentro del hotel o en la playa. Y yo tenía pensado quedarme mucho rato en la cama. Mucho más del que desgraciadamente pude, porque a las 10 de la mañana mi teléfono empezó a sonar y me enteré porque MiNa salió de la cama hasta mi maleta para buscarlo y dármelo. Mirando el número y sin lograr enfocar descolgué la llamada. Una voz que se debatía entre la dulzura del mensaje y la aspereza de la edad me felicitó por mi cumpleaños, lo que me hizo dar un brinco en la cama hasta quedarme sentada. No tenía ni idea de que era mi cumpleaños, se me había olvidado por completo... Como siempre mi Marlen me había ayudado una vez más recordándome algo, aunque seguramente ella no sabría que se me había olvidado mi propio cumpleaños. ¿Cómo tendría que estar mi cabeza para no recordar algo así...? Me aclaré un par de veces la garganta y alargué un par de minutos más la conversación saliendo a la terraza. Escuché como mi madre le decía a Marlen que me felicitara de su parte. 
-Todo un detallazo, sí señora...-dije en lo que en un principio solo era un pensamiento. 
     Terminé de hablar con Marlen y volví a la cama tirando de nuevo el móvil en la maleta después de apagarlo. No me hacía especial ilusión que fuera mi cumpleaños. Tampoco cuando era pequeña, porque casi todos los pasaba sola, como un día normal. Pero este año había tenido otras expectativas que visto lo visto, como estaba el tema con Changmin o lo lejos que estaba ahora mismo de Junsu, iban a quedarse en eso, en expectativas, meras ilusiones. 
     Cuando abrí los ojos de nuevo mis compañeras ya no estaban en la habitación. Eran más de las 12 y media de la mañana. Bueno, al menos no tendría bronca por no haber ido a desayunar, hoy por ser el último día no teníamos horarios, sino una "libertad vigilada". Nuestro avión saldría hoy de madrugada para llegar a Seúl pronto por la mañana, así que separé unas cuantas cosas que iba a usar hoy y el resto las guardé en la maleta, dejando todas mis cosas recogidas en menos de 10 minutos. No me gustaría estar delante cuando SanWol y MiNa hicieran sus maletas... 
     Salí de la habitación cerca de la una del mediodía, después de ducharme y preparar la mochila para pasar el día entero fuera. Caminé un poco por fuera de la playa hasta llegar a un restaurante de comida rápida y comer sentada en un banco mirando hacia el mar. No sé el tiempo que pasé dibujando allí después de comer, sólo hacía dibujos sin parar, repasándolos una y otra vez para distraerme y evitar que mi mente fuera por libre. Cuando iba a sacar otro folio aparecieron unos cuantos de los chicos con los que me había juntado un par de veces en estas vacaciones. Me invitaron a ir con ellos y el resto de la clase a jugar un partido de volley en la playa. Yo acepté apenas sin pensarlo. No es que hubiera nacido para los deportes, pero cualquier cosa antes que seguir sola y expuesta a los trucos de mi mente. 
     Con MiNa y SanWol, que ya nos esperaban junto a la red pasándose la pelota eramos 12, los justos para un partido según me dijeron. Al principio resultó ser un poco caótico para todos, pero luego cada uno fue despertando y empezando a tomárselo en serio. La única que seguía cometiendo fallos ridículos era yo. Casi siempre se me escapaba el balón una vez que ya lo tenía en las manos. llegó un momento en el que ya ni me molestaba en ir a darle al balón porque los de mi equipo se lanzaban a él antes de que yo me diera cuenta de que se dirigía a mi. Finalmente dieron por acabado el partido cuando "mi equipo" quedó con ventaja de más e diez puntos,. Y entonces me fui con MiNa y San Wol a sentar en la arena. No era una playa muy grande, por eso me di cuenta en seguida de que Changmin había llegado acompañado como no de su nueva amiga la lapa. Pusieron sus toallas a unos cuantos metros de distancia de donde estábamos nosotras, sin reparar en que estábamos ahí. Resople fuerte varias veces seguidas y después me tumbé cerrando los ojos, dispuesta a camuflarme por un rato entre la arena. Era eso o ir corriendo y arrancarle un brazo al calamar ese que se había echado por amiga...o lo que fuera. 
     No. ¿Por qué tenía que ser así? Esto no tenía sentido, era una tontería que me resistiera tanto... Abrí los ojos y me senté en la toalla. Ví a Changmin de frente a unos cuantos metros, metido en el agua con HyoSeun jugando con una pelota. Me levanté y con pasos decididos y fuertes me fui acercando a ellos. Ninguno de los dos notó mi presencia hasta que estuve prácticamente al lado, entonces Changmin se quedó con la pelota que iba a lanzar en la mano mirándome con el ceño fruncido. Ni si quiera le dediqué una sola mirada a la otra. Caminaba con la mirada fija en él, sintiendo el mismo fuego que sentía otras veces cuando me sacaba de mis casillas. Este fuego, en lugar de hacer que quisiera matarle hizo que me parase frente a él y colocase mis manos en su nuca, tirando hacia mi, para después lanzarme a sus labios sin esperar permiso ni invitación. 
-¿Qué estás...?-dijo echándose hacia atrás. 
     Aun así no le solté, pero llevé una mano hasta la suya en la que aún tenía la pelota y la tiré de un suave manotazo quitandole toda distracción y dejandole la mano libre para que pudiera abrazarme. Volví a aproximarme a su boca pero me rechazó de nuevo echando la cabeza hacia atrás con los ojos muy abiertos e intentando soltarse de mis brazos, lo que en otra ocasión normal no le habría costado nada. Pero en ese momento no habría fuerza capaz de hacer que le soltara. 
-YunHye ¿Te has vuelto loca? Qué se supone que... 
-Que me beses joder.-le dí otro tirón y una vez más sin esperar respuesta busqué sus labios. No iba a rendirme... Tendría que ahogarme si quería que le dejase en paz. Pero por suerte, a los pocos segundos sus labios fueron abriendo camino a los míos, que los recibían suaves, como echos a medida. Sus manos tardaron un poco más en ceñirse a mi cuerpo. Con cuidado, pero sin miedo... Deslicé mis manos por sus brazos hasta dejarlos reposar en su cintura ligeramente mojada, justo donde el agua dejaba de cubrirle. Él por el contrario colocó sus manos a ambos lados de mi cara y fue separándose poco a poco, dándome pequeños besos hasta que nuestras bocas estuvieron totalmente separadas y juntó su frente con la mía, cerrando los dos los ojos. Las pequeñas olas rompían suavemente contra nuestros cuerpos. A ambos nos costó varios segundos normalizar nuestra respiración...
-Changmin.
-Yunhye.
     Susurramos a la vez y al escuchar nuestros nombres en la boca del otro volvimos a abrir los ojos y a cruzar nuestras miradas. Fue lo que nos faltaba para abalanzarnos el uno sobre el otro y besarnos casi de una manera salvaje. Changmin se agachó un poco doblando sus rodillas y me cogió por las piernas, levantándome del suelo y como si fuese algo natural las enrollé en torno a su cintura. Estaba volviéndome loca recorriendo su espalda, su piel tan erizada como la mía... Cuando sus besos empezaron a pasar por mi mandíbula hasta mi garganta y detrás de la oreja, abrí los ojos, sin ninguna intención de que parase. 

     Pero paró. Y de repente me encontré a mi misma tumbada en mi toalla, con MiNa y SanWol al lado, y él, tal y como estaba desde que llegó, sentado también en la suya a unos cuantos metros. 

     Me incorporé rápidamente respirando exaltada. Tenía el cuello y parte del pecho bañados totalmente en sudor. Me llevé las manos a la cabeza revolviéndome el pelo, intentando calmar el desorden que se había formado ahí dentro de repente. ¿Acababa de tener un sueño...erótico con Changmin? No...Sólo habían sido un par de besos. Ay Dios pero vaya besos... ¡¿Bueno pero y a cuento de qué tenía que soñar esto!? Lo peor no era que lo había soñado, sino que me gustó. Y que no me habría importado que fuese real. Para nada. 
-¡Bueno basta! 
     Me levanté y no me puse ni el pantalón ni la camiseta, lo metí todo apretado en la mochila y por último me colgué la toalla del brazo. 
-¿Qué dices?-dijo SanWol mirándome desde abajo. 
-Nada...Pensaba en alto. 
-¿Te vas?
-Sí, necesito darme una ducha.  
-Okey... Ah por cierto.-dijo con cierto aire de misterio cuando ya me había dado la vuelta para salir.-Esta tarde te llegó algo a tu habitación.
-¿Ah sí? Vale, gracias por avisar. Nos vemos luego.- Y sin esperar a ningún tipo de respuesta me fuí más corriendo que andando de aquella playa. 
     Con el rápido paso que llevaba llegué a la habitación en tan solo un par de segundos y nada más entrar tiré las cosas en el suelo y me metí en el baño, directamente a la ducha. Una ducha larga para tranquilizarme. Apoyé la cabeza en las frías baldosas. Qué bien me vino... Estaba empezando a nacer en mi desde hacía unos días unas sensaciones totalmente desconocidas... Y más para quién iban dirigidas. Estaba más que claro que siempre me había pasado algo con Changmin... Era increíblemente guapo, y a mi, a pesar de que yo dijera lo contrario mil veces siempre me había tratado bien. Siempre atento. Si alguien lo había hecho mal había sido yo, por no dejarle las cosas claras desde el principio. Ahora ya era tarde y yo ni si quiera tenía las cosas claras. Tal vez Changmin me gustaba un poco más de lo que yo creía... 
     Cerré el grifo queriendo cerrar también este pensamiento y después de secarme con la toalla salí del baño con ella enrollada. Me agaché para recoger la ropa que había tirado en el pasillo y cuando fui a guardarla en mi maleta vi lo que SanWol me había dicho que había llegado para mi. Era un ramo de flores. No demasiado voluptuoso, pero precioso, tal y como a mi me gustaban. Esto no podía ser de nadie más que de Junsu... Lo cogí sentándome en la cama y una pequeña tarjeta quedó colgando del lazo. 
     "Siento no poder estar a tu lado, perdóname." 
     Efectivamente, me pedía perdón... Encima. Por si fuera poco el lío que tenía en la cabeza ahora aparecía en escena mi querido Junsu. Porque eso si estaba claro... yo le quería. ¿no? 
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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Beautiful Melody Cap13





Capítulo 13. 

-No... No, ¡no puede ser joder!-Me quité la chaqueta de un brusco movimiento y la tiré sin mirar dónde caía, al igual que hice con la corbata medio suelta. Fui hacia la ventana y me apoyé resoplando dejando que mi aliento se escapase por el pequeño espacio que quedaba abierto. 

     Tras unas cuantas respiraciones profundas ya estaba más calmado y pude pararme a pensar con normalidad. ¿Por qué era tan complicado y difícil en la realidad cuando aparentemente a ninguno de los dos nos costaba estar juntos? ¿Por qué no podía ser esa la realidad? La realidad que yo quería se parecía mucho a la noche que habíamos pasado. YunHye y yo... Yun Hye... la misma que cuando estábamos juntos, solos, se la notaba relajada, a gusto, como era ella siempre. YunHye, la que sin apenas resistencia había acogido mi abrazo al final de la cena, y la misma que parecía sentir lo mismo que yo, no querer separarse y quedarse así eternamente... Era la misma que me dejaba descolocado y helado y me hacía golpearme contra la pared una y otra vez. 

*Flashback*
-Señoritos, ya llegamos.-Nos anunció el conductor. Comprobándolo, miré hacia fuera y después a YunHye, quien al notar mi mirada me la devolvió. 
     Desabrochamos el cinturón a la vez y como de costumbre yo llegué a su puerta antes de que ella hubiese terminado de salir y tendiéndole una mano la ayudé a que saliera. Tardó unos segundos en subir la mirada a mi, pensativa, con el ceño fruncido. No sé si tal vez nerviosa como yo... 
-¿Qué miras?-preguntó. 
-¿En qué piensas?-respondí con otra pregunta. 
-Nada que pueda solucionarse ahora...
-Inténtalo. 
-No esta noche. 
-Pues al menos.-llevé mis manos hasta su cabeza y deshice despacio el recogido que llevaba.-suéltate el pelo. Las ideas salen más fluidas.
-Sí, ya...-me ayudó a terminar de quitárselo y me quedé con las horquillas en la mano viendo como ella dejaba que el pelo le cayese. 
-Ya verás, ahora tendrás todo mucho más claro.-sonreí continuando en tono bromista.-Además, así estás preciosa, más aún si es posible.-Inmediatamente, como si hubiera pulsado un botón, el color rosado se apoderó de sus mejillas. Me sonrió tímidamente extendiendo más su sonrojo, y me pilló desprevenido el suave tirón que me dio al llevar ambas manos a mi corbata y aflojarla dejándome el cuello más libre. 
-Así mucho mejor. 
-¿Desde cuando se te da tan bien desabrochar corbatas?
-¿Y a ti moños?-respondió. 
-Hay una parte de mi pasado que desconoces... digamos que hasta hace poco me vestía con falda y zapatos de tacón.-ella soltó fuerte carcajada.-¿Qué pasa? No te rías de mi pasado...
-Vale vale, perdona señorita...-se mordió un labio intentando dejar de reírse y yo me perdí en ese gesto...
-Y... y bueno, ¿Cómo estás?¿Mejor que al principio de la noche?-pregunté intentando aplacar mis nervios. 
-Sí...la verdad es que sí. Finalmente la noche no ha estado tan mal. Podría haber sido peor...
-Aún puede mejorarse...
-Esta noche ya ha sido mejor de lo que esperaba, no me arriesgo a pedir más.
-Pues yo sí. Soy más avaricioso.-me pegué más a ella y miré una de sus manos, cogiéndosela y jugueteando con ella. 
-Changmin, tengo que... 
-Voy a hacer algo que no sé si debería YunHye, te...
-Pues no lo hagas, ¿vale? Tengo que irme... -me interrumpió y después de mirarme con los ojos abiertos como platos se perdió en la oscuridad por el caminito de piedras hasta su casa. 
-¡YunHyue!-la grité. Ella tardó en girarse y cuando lo hizo, no lo hizo del todo. Se quedó de perfil como si no estuviera muy dispuesta a pararse. Yo avancé hacia ella con pasos lentos, pero decidido a zanjar esto de una vez por todas. 
-Te...tengo aún tus horquillas. Toma.-cogí su mano y se la abrí bruscamente dándoselas. 
     Ella no quería escuchar lo que yo tenía que decirle, así que me fui con la misma firmeza que me había faltado al decir lo que en realidad quería que supiera. 

*Fin Flashback* 

     Todo encajó mejor que nunca. Por algún motivo que desconocía, ella se dejaba llevar conmigo, pero no me correspondía. Su corazón no era mío. Ella estaba enamorada de mi hermano... Y yo no quería ni podía permitirme más rechazos. La única manera de hacer esto, saltó del cajón en el que la había metido hacia tiempo, como último recurso,pero ahora mismo, en esta situación en la que estaba más desesperado que nunca, era lo único que se me ocurría... Pero tendría que esperar hasta después de estas vacaciones para arreglarlo. Y mientras tanto... me alejaría de ella al máximo. Esto tenía un por qué, que era olvidarme de ella cuanto antes, y debía empezar ya.  


     La luz ya era demasiado molesta incluso bajo la almohada, así que no tuve más remedio que dejar de evitar la voz de Marlen despertándome.
-Venga, al final se le hará tarde señorita.-Acalorada como siempre que había cosas que hacer, iba de un lado a otro de la habitación aparentemente sin hacer nada más que descolocar las cosas, pero ordenándolas, increíblemente.
     Me acerqué a ella como pude y la besé en la mejilla antes de meterme en el baño. Al contrario que yo, que no tenía ninguna gana de irme al viaje, Nana estaba tan agobiada porque aún no había preparado mi maleta. No quise que se hiciera hasta el último momento. Y es que mis sensaciones no eran nada buenas... La noche anterior había sido extraña. En algunos momentos me sentía tan a gusto con Changmin... Pero en otros me ponía nerviosa recordando quién eramos cada uno. Y que yo tenía una relación con otra persona, con su hermano, para ser más exacta... Y tal vez el que Junsu no hubiese estado esta noche, ni me hubiese llamado, había hecho que me acercase más a Changmnin, que me dejase llevar un poco más... Pero más tarde, antes de entrar en mi casa, me había puesto muy nerviosa. Estaba segura de lo que él iba a decirme y no estaba preparada para escucharlo, o para tal vez decirle que no podía corresponderle. Por eso huí... Y también estoy segura de que él estaba molesto. Esa era la razón por la que no quería ir al viaje. En ningún momento me había hecho demasiada ilusión, pero si las cosas esta noche hubieran sido distintas, si pudiera borrar los últimos 10 minutos...podría pensar en unas buenas vacaciones. Pero la verdad era que no sabía que iba a pasar. Tal vez Changmin había pensado esta noche y no estaba enfadado, y podríamos pasarlo bien juntos, sin problemas ni momentos incómodos... De cualquier manera tendría que esperar a verle para saber lo que iba a pasar...
   
     Puf... El aeropuerto a rebosar, como siempre. Gente corriendo de un lado a otro como loca, sin mirar por donde va, sin importar si empujan a quien sea solo para coger un avión. Por las máquinas de megafonía no paraba de sonar la robótica voz de una mujer anunciando las próximas salidas y llegadas, al igual que en los paneles electrónicos. Además también había una multitud de azafatas esperando a que la gente les pidiera ayuda. Pero no, era mucho mejor ir como locos...
     Iba a levantarme para ir a la máquina exprendedora cuando nos avisaron para embarcar. Changmin no había venido aún... Todo el mundo se levantó de su asiento sin arar de hablar, extremadamente emocionados por el viaje. Mis nervios se incrementaban según avanzaba la fila y yo no paraba de mirar a todos lados esperando por Changmin. ¿Y si no venía? Había aceptado venir a este viaje porque venía él, sino ni me lo hubiera planteado... Vale que la situación actual entre nosotros había empeorado hasta un punto en el que le veía difícil arreglo, pero este viaje podía ser una buena ocasión para salvar las distancias... Yo le seguía considerando mi mejor amigo y en situaciones como estas, en las que ni conocía ni hablaba con nadie, era el mejor apoyo que podía tener... La azafata me pidió el billete cuando ya me estaba resignando a que no viniera y a que yo me diera media vuelta y me fuera a casa. Pero apareció. Mirando al suelo, con una gorra cubriéndole su oscuro pelo, unos grandes cascos y una bandolera sobre el hombro izquierdo. Automáticamente me relajé. Pasé el control del billete y no me dejaron quedarme esperándole, sino que me obligaron muy educadamente a ir directamente por el pasillo hasta el avión. Allí ya estaban algunos de mis compañeros dejando parte de su equipaje de mano en el compartimento superior e intentando cambiar sus asientos a placer para sentarse con quien quisieran. Yo me acerqué a mi asiento y una de las plazas estaba ya ocupada por una chica de la otra clase. La saludé y vi como otro chico se acercaba despues de haber hablando con Changmin animadamente, al que había interceptado nada más entrar.
-Ya está, solucionado. Changmin me ha dicho que quería sentarse con ella, así que no hay problema.
-¿Qué? ¿Ella?-pregunté mirando en su dirección.
-¿En serio?-respondió encantada la chica.-¡Genial!
     Quise acercarme corriendo a Changmin y que me dijese por qué quería sentarse con ella y no conmigo, pero me vi arrastrada por la cantidad de gente que se movía de un lado a otro y las azafatas que nos pedían que nos sentasemos ya. Así que resignadamente pasé a mi asiento junto al pasillo y esperé a que el avión despegase para sacar un libro que llevaba en la pequeña mochila. Intentaba leerlo en los intermedios de largas miradas a Changmin, sentado en el lado contrario unas cuantas filas por delante. No paraba de hablar con esa chica de la que ni si quiera sabía su nombre. Parecía estar pasándoselo en bomba.  Yo, por el contrario me ponía más nerviosa por momentos. El primer encontronazo había resultado fallido. Tendría que esperar a bajarnos del avión para hablar con él. El viaje no es que se me hiciera corto precisamente. Intenté dormir unas cuantas veces, pero no conseguí más que dar unas cuantas breves cabezadas. Me ponía de los nervios, me cabreaba, me irritaba que estuviese sentado con esa. Yo mientras tanto llevaba más de una hora escuchando pasteladas de mis compañeros de viaje. Cuando ya desistí de dormir o de hacer cualquier cosa que me distrajera miré hacia la ventana y adiviné la costa de Jeju. Ya habíamos llegado. Segundos después nos avisaron de que nos abrochasemos el cinturón ya que aterrizaríamos en los próximos minutos. Ya se acercaba el momento del segundo asalto... Comencé a respirar algo agitada, lo que seguramente se confundiría con el miedo a un aterrizaje fallido. Pero no, la razón de mi miedo era otra: la posibilidad de pasar una semana fantástica o por el contrario una llena de tormentos.
     Bueno, ya no tenía que esperar más. Changmin andaba a unos cuantos pasos de mi, participando en una multitudinaria conversación en la que no sería extraño que él fuese el centro. Los ánimos no se habían calmado con el viaje, sino que al contrario, y como era normal, la gente estaba más emocionada y exaltada. Al ir a recoger la maleta intenté colarme unos cuantos puestos para acercarme y abordar a Changmin, pero me fue imposible. La recogida de maletas era siempre un caos total...raro fue que no se perdiera ninguna. Tampoco pude hablar con él en el taxi hacia el hotel, ya que nos tocó en coches distintos. Empecé a mosquearme cuando supe que él había llegado antes al hotel y que ya estaba instalado en su habitación. Pero aun así no me resigné. Ni si quiera estaba prestando atención al hotel, en cuanto me enteré de cuál era mi habitación subí a dejar las cosas para estar libre y buscarle. Mis dos compañeras de habitación estaban ya colocando sus cosas, y cuando vieron que iba a salir me dijeron que íbamos a dar una vuelta por los alrededores y a pasar el día fuera.
-Joder... Cuando las cosas quieren salir mal salen mal...
-¿Qué dices, perdona?-me preguntó una de mis compañeras.
-Nada...hablaba sola...-respondí cansinamente subiendo la maleta a la cama para buscar cualquier cosa que ponerme más cómodo que lo que llevaba.
     Las cosas no iban a salir bien si ya estaba con este mal humor, así que intenté relajarme e ir con buena cara a nuestra primera excursión. Esperaba sentada en la cama a que mis compañeras terminasen de arreglarse para salir las tres juntas y así acostumbrarme a la convivencia... Por primera vez me fijé en la habitación. Era bonita, hacía que te apeteciera que fuese verano. Las paredes eran azules con dibujos de flores blancas y amarillas, al igual que las sábanas de las camas, una litera y una individual, en la que estaba sentada ahora. Tenía una puerta grande de cristal por la que se salía a un balcón al que no había salido aún y cuando me decidí a hacerlo me avisaron mis compañeras, ya listas para salir. Así que cogí mi gorrito blanco y cuando abrí la puerta, una de las chicas, SanWol, sacó su cámara de fotos y nos pidió hacernos una.
-¿Las...tres?¿Ahora?-pregunté extrañada.
-Claro, hay que atrapar todos los momentos importantes. ¡El primer paso hacia la primera excursión!
Al principio lo vi una tontería, pero me hizo gracia y solté una carcajada que sin duda dejó bien clara mi cara de payasa en la foto.
     Mientras bajamos les pregunté a las chicas, sin dejar que se notase demasiado mi interés en qué planta estaban las habitaciones de los chicos. Estábamos todos en la misma, sólo que en distintos pasillos. Desde el colegio habían conseguido que cerrasen esos dos pasillos solamente para nosotros, y así evitar problemas, quejas y malentendidos con otros clientes.
     Abajo en el recibidor había ya un numeroso grupo de gente reunida. Pero yo sólo buscaba a una persona en concreto. Esperaba verle apoyado sobre la pared, con su pose desafiante, mirándome desde lejos con su habitual sonrisa, seguro de que iba a acercarme a él. Pero no estaba. No estaba y esto ya me mosqueaba demasiado. No era para nada un buen augurio que no se hubiera presentado él ya delante mía. Si no iba yo venía él, así iba lo nuestro...
-¿Estamos todos verdad?¡Pues vámonos!-dijo contagiada de la extrema felicidad de mis compañeros una de las profesoras.
-No, perdón profesora...-corrí hacia ella haciendo que se parase a mirarme y el grupo que iba detrás de ella se parase también.-Changmin, Kim Changmin no está.
-Ah sí tranquila, Changmin no viene a esta excursión. Presentó un justificante de sus padres diciendo que tenía que ir a una reunión.
-¿Qué?
-Venga, tenemos que irnos.-me puso una mano en la espalda empujándome suavemente hacia delante invitándome a emprender de nuevo la marcha.
-No no profesora, tengo que quedarme aquí...
-Shin Yunhye no te preocupes, luego se nos unirá.
     Y ya no pude volver por mucho que quise. La profesora me llevó casi a rastras hasta mis compañeras de habitación, que se convirtieron en un relevo del perro guardián... Al principio de la excursión me resistí bastante a participar en cualquier conversación y actividad, estaba demasiado ocupada pensando en lo que podría estar haciendo Changmin que le hubieran mandado sus padres y fuese tan importante que no podría esperar a su vuelta a Seúl, pero según iba pasando el día y visitamos más lugares me fui animando. Conocí un poco mejor a mis compañeras, SanWol y MiNa, con quienes no había cruzado más de 3 palabras en toda mi carrera estudiantil y que resultaron ser bastante agradables. A partir de que empecé a participar en sus conversaciones no tuve mucho tiempo para pensar en lo que no debía... En la lengua debían tener alguna máquina que no dejaba de funcionar nunca y hacía que siempre estuviesen hablando. Pero a decir verdad, no me desagradaba...
     Jeju era una isla preciosa. A pesar de que no era mi primera vez aquí, negar su belleza sería cosa de necios. Los acantilados parecía que estaban pulidos a placer, las playas de un dorado impecable en un contraste perfecto con el azul marino del agua, ciervos que aparecían donde menos esperabas... Todo Jeju invitaba a querer disfrutar. Y me contagié. De toda la alegría que mis compañeros no habían soltado desde el aeropuerto en Seúl que les llevaba a hablar con todo el mundo y a no quitar sus sonrisas de la cara. Por unas horas me olvidé de todo lo que tenía que olvidarme... Nuestro hotel tenía acceso privado a la playa, así que nuestra excursión se redujo a dar un largo paseo por la playa, hacer una primera parada para comer donde cada uno quisiera y después continuar el paseo hasta el Centro de Información Turística de Jeju, donde unos guías turísticos nos hablaron durante más de media hora de la historia de la isla y de todo lo que esta nos ofrecía. Al terminar esta charla volvimos al hotel, desviándonos por las calles con mejor ambiente para saber por donde salir después. Y yo, entre otros, aproveché para comprarme un granizado de sabores tan variados que parecía que me había tomado 7 distintos. Tardamos mucho más de lo previsto en regresar al hotel, así que las actividades por este día se acabaron y cada uno fue a su habitación a terminar de organizar las maletas antes de la cena.
     El entusiasmo se me iba pasando según me iban quedando menos cosas por guardar en el armario. MiNa y SanWol no paraban de hablarme, pero la conversación iba pasando a un diálogo entre ellas dos... Cuando me quedé sin cosas que colocar me senté en la cama mirando el reloj. Había pasado casi todo el día... ¿Habría vuelto ya Changmin? Como un resorte me levanté de la cama dejando caer la percha que tenía en las manos y me dirigí a la puerta.
-¿Qué pasa?¿Dónde vas?-me preguntó MiNa cortando momentáneamente su anterior conversación.
-Luego os veo, tengo que hacer una cosa.
     Cerré la puerta tras de mi y me encaminé hacia el pasillo de los chicos. No tenía ni idea de cuál era la habitación de Changmin. Iría puerta a puerta si fuese necesario. Pero no lo fue. Avanzaba hasta medio pasillo cuando escuché una carcajada demasiado familiar seguida de otra que no lo era tanto, y que no me gustó demasiado. Me giré sobre mis pasos y di tres secos e indecisos golpes en la puerta de la izquierda.
-Espera, espera, voy a abrir...-escuché que decía Changmin desde dentro. Respiré todo lo tranquila que pude y aunque sabía perfectamente donde estaba, tal vez por el asombro, se me cortó la respiración cuando abrió la puerta de golpe. Me miró durante unos segundos, sin parpadear, justo por el mismo periodo de tiempo que tardó en apagarse su sonrisa.
-¿Qué haces aquí?
-¿Y ella?-desde que abrió la puerta y pude, con mucho esfuerzo, apartar la mirada de él, mis ojos fueron a parar a la chica que ahora se colocaba el pelo sentada en la cama mirando al suelo.
-Te he hecho una pregunta.-se movió colocándose entre las dos, distrayendo mi mirada de nuevo a él.
-Sólo...sólo quiero hablar contigo.
-Pues me temo que no es posible.
-Changmin por favor-supliqué cogiéndole el brazo, evitando que me cerrase la puerta en las narices.
-Eh yo mejor me voy...Luego nos vemos Min.-pasó por su lado rozándole el brazo y cuando se cruzó conmigo me miró a los ojos brevemente y yo la seguí con la mirada hasta que giró la esquina. Changmin salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí y apoyándose en ella con los brazos cruzados a la altura del pecho.
-¿Tengo que repetirte la pregunta?
-Quiero que hablemos. Quiero pedirte perdón porque sé que estás molesto por la manera en que me fui ayer.
-¿Te arrepientes?
-¿Qué?
-¿Lo cambiarías? Si pudieras cambiar la manera en que te fuiste, como una vez más me rechazaste... ¿Me dejarías decirte lo que te quería decir?
-Es que no puede ser, Changmin.
-Entonces no tiene sentido que pidas perdón.-hizo el amago de irse pero lo evité poniendo ambas manos sobre sus brazos, reteniendole.
-No por favor, espera...-apartó la mirada de mis ojos por primera vez y la dirigió a mis manos.
-Yun Hye... No voy a arrastrarme más.-apartó mis manos de él bruscamente.- Esta va a ser la última vez que me dirija a ti. No te acerques más a mi, no me hables, no me busques, no me...
-¿Cómo?¿Qué?¿Qué estás...?¿¡De qué hablas!?
-No te quiero cerca de mi, ¿entiendes? No quiero saber nada de ti. Haz tu vida sin mi tal y como quieres. Yo podré hacerla sin ti.
-No, no Changmin... No puedes irte, eres mi mejor amigo.
-Ese es el problema...¿No lo entiendes? Sabes perfectamente lo que siento por ti, y ya no aguanto más que tú sólo me veas como amigo... Aunque me duela voy a dejar de ir detrás de ti. Creo que no me merezco esto... Ya ha sido suficiente.
     La tranquilidad con la que me habló me hizo plantearme que esto era más serio delo que creía. ¿Y si era verdad que no quería saber nada de mi...?
-Ahora, si no te importa...-me aparto tocándome lo justo y empezó a caminar por el pasillo.
-Tú no puedes hacerme esto.-no se giró.-¡Changmin! Joder ¿Y qué voy a hacer yo ahora eh? ¡He venido aquí por ti!-al ver que mis gritos no hacían efecto y no se paraba corrí hacia él.-¡He venido a este viaje por ti! ¡Escúchame!-le agarré del brazo y él en lugar de soltarse tiró de mi y me colocó las manos bruscamente a ambos lados de mi cara,  con las cabezas muy juntas me dijo:
-Basta. Métete en la cabeza que se acabó, no puedo ser tu amigo.-susurró, y después de un par de segundos bajó sus brazos despacio y continuó su camino por el pasillo.
     No era la primera vez que veía como se marchaba sin saber como evitarlo. Sintiendo que me vaciaban lentamente por dentro. Como si se hubiesen llevado el motor que me hacía respirar. Moverme. Reaccionar. O incluso llorar... 










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